domingo, 29 de septiembre de 2013
Indómita.
El ruido de la calle hizo que me despertase. Abrí los ojos y levanté una mano para tapar la luz que me daba en la cara. Debía de ser mediodía ya, el sol entraba por la cristalera del techo. Me estiré en la cama, desperezando todos los músculos de mi cuerpo. Había sido la primera noche en mucho tiempo que había dormido tan bien. Me senté en la cama y miré por la ventana. Las ramas de los árboles se movían, agitadas por el viento, y aunque el sol estuviera brillando había nubes oscuras listas para descargar. Cogí una sudadera y me la puse por encima del pijama. Me quité los pantalones y me puse unos vaqueros.
Bajé las escaleras, mi padre no estaba en casa. Desde que murió mi madre nunca estaba por aquí, siempre estaba de maniobras, evitando enfrentarse a la realidad de que al volver cada noche, ella ya no estaba. "Buenos días mamá" le dije al aire. Era mi pequeña costumbre, una forma de no olvidarla. La echaba de menos, tal vez demasiado y algunas veces muy poco, pero ese buenos días me recordaba que ella había sido real. Por mi vida habían pasado muchas personas entre niñeras y profesoras. Desde el accidente ya no podía salir a la calle, mi padre me lo había prohibido. Solo podía salir si alguien en el que él confiase venía conmigo, eso me deprimía. Mi vida era vivir en una cárcel. Lo que él no sabía es que pasaba de sus normas.
Antes vivíamos en un piso, no en el centro de la ciudad, pero sí lo suficientemente céntrico como para que tuviese todo a mano. Nos mudamos, no tardó ni dos semanas en decidirlo. "Esta casa está bien, es grande", es lo que él quiere. Vivimos a las afueras, lejos de todo y rodeados de bosque. Ahí es dónde yo me relajo. No soy capaz de recordar cuándo fue el primer día que salté el muro y me alejé de la seguridad de la casa, pero desde aquel día lo hacía siempre. Me sentía libre, bien, no había olores a detergente, ni el ruido del jardinero cortando el césped... Simplemente no se oía nada más que el viento. Mi padre me había dicho que era peligroso. Yo no veía el peligro. Había conocido a tres personas y me parecían de todo menos peligrosas. Me pasaba casi todos los días con ellas, hasta que tenía que volver a casa, no quería provocarle un infarto a mi padre. El primer día que nos encontramos fue muy extraño.
Ellos eran tres y yo una sola y pensé que no saldría con vida de allí. Mi padre me había contado tantas historias de cómo era la gente, de por qué mi madre había muerto y de por qué no debía confiar en la gente. Según él las personas tenemos dos esencias en nuestro interior. Lo normal es que estén equilibradas, una buena y una mala, pero cuando se desequilibran es cuando la gente pierde el juicio. Kyle, uno de mis amigos, también me había hablado de esas 'esencias', sólo que él las conocía como algo bueno, eso le habían dicho desde pequeño. No había una esencia, ni dos, ni buenas ni malas, había miles de ellas, libres por ahí. "Es la persona que la lleva la que elige si es buena o mala" me había dicho una vez. Yo siempre me quedaba embobada con todo lo que decían. Patry, su prima, no se creía tanto las historias de su abuelo, pero puede que un poco si. Se le podía notar en sus ojos cada vez que hablaba del tema.
Esa mañana había quedado con ellos para intentar descifrar un libro que Stef se había encontrado en su desván. Tenía dibujos tribales preciosos y estaba escrito en latín, por lo que no sabíamos de qué hablaba. Kyle estaba super emocionado con el tema. Quería copiar los dibujos y las palabras para llevárselas a su abuelo y saber si él nos podía decir algo. A Stef no le gustaba mucho la idea, pero había accedido con la condición de que no dijese de dónde había sacado los dibujos ni nada.
- ¿Lo has traído?
- Hola a ti también Kyle... - Dije riéndome.
Me acerqué a Patry para darle un abrazo. Había estado enferma unos días y no la había visto. Le pregunté qué tal estaba y asintió con la cabeza para decirme que ya estaba bien. Nos sentamos en nuestras rocas de siempre, al borde del acantilado. Desde ahí saltábamos al lago en verano. Stef dejó el libro delante de él y Kyle lo abrió, intentando memorizar todo lo que podía. Patry se sentó al lado de Stef. Yo me senté en el hueco que quedaba vacío, no me gustaba sentir el calor del cuerpo de nadie. Stef peleaba con Kyle por pasar página, quería seguir viendo todo lo que había en el libro. Patry jugaba con un bolígrafo, como si no estuviera allí en aquel momento.
- Esa me gusta - Dijo Patry con la voz entrecortada. Kyle la miró sorprendido, no esperaba que estuviese haciendo caso.
- Dame el boli y te la dibujo en la muñeca.
Kyle cogió el bolígrafo y se acercó a Patry. Le remangó la chaqueta un poco y empezó a recorrer su piel dejando un rastro de tinta por donde pasaba. Cuando acabó lo miró orgulloso, Kyle dibujaba genial, y lo había copiado a la perfección. Pasamos el resto de la mañana viendo como Kyle apuntaba cosas y las dibujaba en una libreta. Era casi mediodía, me tenía que marchar. Me despedí de ellos y empecé a recorrer el bosque hacia mi casa. Ya podía ver el muro cuando oí el ruido de unas ruedas girando sobre el suelo. Me apresuré a saltar el muro y a entrar en casa, mi padre ya había llegado. Me colé por la puerta del jardín en la cocina y cerré con cuidado para no hacer ruido.
- Hola Di.
La voz de mi padre resonó en todo el pasillo. Esperé a que dejase las cosas en el suelo y me acerqué a él.
- Hola papá.
- ¿Cómo ha ido tu mañana?
- Aburrida.
Me miró de arriba abajo, buscando como siempre algo raro en mi. No encontró nada. Me dio un beso forzado en la frente y se marchó hacia su despacho. Me puse a subir las escaleras, pude oír cómo cogía un vaso y una botella. Iba a emborracharse. Los días como hoy siempre hacía lo mismo. Para una tarde libre que tenía y siempre se emborrachaba. No soportaba verle en ese estado, pero lo prefería a verle mal o a que me molestase toda la tarde. Las horas se me pasaron muy lentas, demasiado. No sabía qué hacer. Me empecé a releer libros que ya ni recordaba que tenía.
Llegó la hora de cenar. Isabelle vino a la misma hora de siempre para ayudar en casa. Mi padre ni se movió de su sillón. Isabelle ya estaba acostumbrada a que ni saliese de su despacho algunas veces, pero yo me seguía enfadando. Me había insistido tanto en no dejar de hacer mi vida por el hecho de mudarnos o de que mi madre ya no estuviese con nosotros... Que al verle a él, allí, dormitando y borracho me daban ganas de abofetearle. Preparamos la cena, algo sencillo y que nos gustase a los tres. Isabelle hacía de madre básicamente, venía a asegurarse de que yo estuviese bien. Era una psicóloga. Empezó a tratarme cuando murió mi madre, de eso hace ya siete años, cuando yo tenía doce. Desde entonces nos fuimos contando cada vez más cosas, hasta ella se sinceraba conmigo de vez en cuando. Descubrí que había tenido una hija que había muerto en un accidente de tráfico. Había visto fotos de su hija, se parecía bastante a mi y por eso comprendí que insistiese tanto en venir a ayudarme en casa siempre que pudiese. Ella llenaba el hueco que mi madre había dejado y yo llenaba el de su hija. Me metí en la cama antes de lo normal.
Me encontraba cansada y me empezaba a doler la cabeza. Mi padre se marchaba pronto a trabajar el día siguiente, así que aprovecharía y madrugaría, así podría pasar más tiempo con Kyle, Patry y Stef. Me pesaba todo el cuerpo al despertarme, y me fue difícil ponerme en pie. Me miré al espejo, no me gustaba cómo era mi cuerpo. Me vestí rápido y bajé las escaleras. Ni Isabelle ni mi padre estaban ya allí. En la cocina aún se podía percibir el aroma de café. Cogí una manzana y mi chaqueta, me la comería por el camino.
El bosque estaba aún oscuro, faltaba poco para que saliese el sol. Me empezaba a acostumbrar a la oscuridad cuando una luz me dio en la cara. No me lo esperaba, me eché hacia atrás y tapé el foco con una mano. Se desvaneció. Mis ojos empezaron a recuperarse del fogonazo. Miré a mi alrededor y no vi nada extraño. Me quedé parada un rato, esperando para ver si se movía algo y la vi, una pequeña luz azulada que se movía por el aire delante de mi. Me acerqué un poco hacia ella y se desvaneció otra vez, pero esta vez apareció más adelante. Me volví a acercar y ocurrió lo mismo. "¿Qué es esto?" Seguí las luces por todo el bosque. Cada vez me costaba más moverme, el bosque se estaba espesando. Una rama me rasgó la ropa en la cintura y me hizo un corte. Me dolió un poco, me paré, la luz conmigo. "¿Me estás guiando a alguna parte?" dije. Volvió a moverse y yo detrás. Se paró de golpe, entonces me acerqué más a ella. Estiré la mano, tocándola, tenía un tacto cálido y suave, como si fuese algodón. Se posó en mi mano, noté cómo se deslizaba por mi piel. Poco a poco empecé a notar un cosquilleo, cada vez más fuerte. Miré mi mano, sin poder creer lo que estaba viendo, la luz se estaba enredando con mi piel, creando un dibujo que brillaba con fuerza. El dibujo se iba enredando con mis venas, rodeó mi muñeca y emitió el último golpe de luz y calor para desaparecer y sólo dejar aquella marca extraña en mi piel. El bosque se volvió oscuro a mi alrededor de golpe. Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad. Miré la marca, ¿qué había sido eso? Deslicé mis dedos por ella y brilló un poco más fuerte. Pude notar el calor recorriendo todo mi cuerpo y ese cosquilleo acompañándolo, como si una pequeña descarga eléctrica hubiese tocado mi piel.
El viento movió las ramas de los árboles, me asusté. No sabía en qué parte del bosque estaba. Se hizo más oscuro de golpe. Mis ojos buscaron un camino, un rastro, algo que me enseñase por dónde había venido. Era imposible ver nada. Me moví nerviosa en el sitio en el que estaba. Miré otra vez la marca "Ya podrías sacarme de aquí, tú me has traído". Me reí de mi misma. Todo esto tenía que ser un sueño, estaba segura. Cerré los ojos intentando relajarme y al abrirlos vi un rastro azul, una fina línea que se alejaba de donde yo estaba. "Imposible" pensé "Aunque no tengo muchas más opciones". Empecé a caminar, siguiendo el recorrido que me marcaba la línea. Pasado un rato empecé a oír voces, las reconocí, eran los chicos. Escondí mis manos dentro de las mangas de la chaqueta, hacía frío. Estaban hablando entre ellos, Patry no estaba. Me acerqué y se callaron. Les miré perpleja, nunca antes habían hecho eso. No dijeron nada. Les miré a los ojos. Kyle estaba normal, algo apagado para ser él, pero Stef tenía los ojos llorosos.
- ¿Qué ha pasado? - Dije nerviosa.
- Es Patry... - Kyle me miró a los ojos - Su madre la encontró hoy muerta...
Me caí de rodillas al suelo. Noté como se me iba la cabeza. Puse las manos en el suelo y agarré hojas entre mis manos. Las lágrimas empezaron a recorrer mis mejillas. Mi garganta era incapaz de reproducir ningún sonido. No era posible. Noté que me ardía la muñeca. Eché hacia atrás la manga, la marca estaba brillando con fuerza. El viento se agitó a nuestro alrededor. La vi, de pie, delante de nosotros. Stef se había quedado paralizado. Kyle no sabía qué hacer, le cogió la mano a Stef e intentó llevárselo hacia atrás. Patry se acercó hacia mí, analizándome de arriba abajo. No, no era Patry, esa no era mi amiga, sus ojos eran completamente negros. Entonces la vi, la marca que Kyle le había pintado ahora brillaba con más fuerza sobre su piel. ¿Podría haberle pasado lo mismo que a mi? Pero ¿por qué nos miraba así? Yo no había cambiado...
- Mi sombra me avisó de que alguien más había conseguido una por esta zona, tenía la esperanza de que no fueses tú.
Se acercó más a mi, me agarró por el cuello e intentó ahogarme. Mis manos se movieron rápido hacia ella y sin saber cómo, el viento se revolvió a su alrededor y la levantó por los aires. Su cuerpo salió hacia atrás despedido. Caí al suelo de rodillas e intentando recuperar el aliento me levanté. Sus ojos se volvieron sobre mi en el momento en el que sus pies le permitieron ponerse de pie. Se volvía a acercar hacia mí. Me temblaba el pulso, no sabía qué hacer, el corazón me latía descontrolado. El aire volvió a agitarse a nuestro alrededor, a ella parecía ponerla nerviosa aquello, a mí, por alguna extraña razón me tranquilizaba aquel balanceo de los árboles. Suspiré y mi cuerpo se estremeció a la vez que el aire alrededor del cuerpo de Patry. Sus ojos pasaron de negros a blancos por un momento y pude ver como sus labios se volvían de piedra y se quebraban. Se alejó de la luz que entraba entre las ramas y una sombra la envolvió. Recuperó el color de sus labios y en cuestión de segundos volvían a estar completamente bien.
- Tienes suerte de que haya sido una estúpida y haya venido a por ti por el día Diane, no sabes nada de lo que está pasando y será mejor que no lo sepas nunca.
La oscuridad se removió nerviosa a su alrededor. La envolvió completamente y en apenas unos segundos Patry, la que había sido mi amiga, ya no estaba allí, solo quedaba un rastro negro donde había desaparecido. Mis ojos se llenaron de lágrimas, no por tristeza, sino porque me faltaba el aire, me estaba dando un ataque de ansiedad. Me senté en el suelo, respiré hondo, y como si controlase el aire éste se metió en mis pulmones, llenándome por dentro. Me sentí mejor en unos segundos. Kyle y Stef estaban observándome desde lejos, no se habían movido del sitio desde que empezó todo. No entendía nada, aquella marca me ardía en la muñeca. Esperé a que se me acercasen ellos, me sentía algo débil para moverme del sitio.
- Tenemos que irnos de aquí - Kyle estaba nervioso.
Me ayudaron a levantarme y cada uno se fue en una dirección. Quería llegar a casa, coger aquel extraño libro y buscar el símbolo de mi muñeca, tenía que saber si estaba.
Llegué a casa, estaba nerviosa. Abrí la puerta, me temblaba el pulso. Mis piernas no respondían bien al subir por las escaleras. Paseé mi mano por el pasamanos por si necesitaba agarrarme a algo. Llegué al último escalón y es como si un peso volase de mi espalda. Entré en mi habitación y cerré la puerta a mi espalda. No había nadie en casa pero aún así me gustaba tener la puerta cerrada. Abrí el armario y saqué una caja que tenía en el fondo, dentro estaban las cosas que no quería que nadie mirase. Mi pequeño secreto.
Cogí la caja y me acerqué hasta mi cama. Me senté en el suelo apoyando la espalda en el colchón y puse la caja delante de mis piernas. Deslicé las manos por encima de la tapa, algo me estaba poniendo nerviosa aunque no sabía qué era. La abrí. Estaba todo en su sitio. Muchas veces había pensado en si Isabelle la habría encontrado y visto lo que había allí dentro, podría haber pensado que estoy peor de lo que ya cree.
Metí la mano hasta el fondo de la caja y agarré el libro. Lo saqué con cuidado, le había prometido a los chicos que no lo dañaría. Lo abrí y empecé a buscar. Cada poco miraba mi muñeca, buscando coincidencias, pero no encontraba nada. Cada página tenía símbolos distintos, colores distintos, parecía que estaba por clases. Había algunos que me gustaban, deslizaba los dedos sobre ellos, no los entendía. Cómo me habría gustado tener a Kyle en ese momento allí, él tal vez los entendería mejor.
Al fin encontré algunos parecidos a los de mi muñeca. Eran todos de colores azulados y con las formas parecidas. Al fondo de las páginas ponía ‘’Ventus’’. Había desde ‘’Tenebris’’ hasta ‘’Animas’’. No entendía nada, pero estaba claro que la mía era una Ventus. Pasé la página y estaba completamente en blanco. La miré a contraluz, por si la tinta se había borrado. Nada, estaba completamente en blanco. En la siguiente página aparecian tres símbolos y una frase. ‘’Nocte vento movetur anima evertit.’’ Se podía ver como donde los tres símbolos se rozaban había un pequeño brillo, débil.
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